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Nuestras vidas son los ríos que van a dar en el mar…

El final de la estrofa lo vamos a dejar para otro día, a poder ser lo más lejano posible.
Hemos tomado esta conocida cita de la obra que Jorge Manrique dedicó a su padre porque en la Ría de Muros Noia, interiorizamos algunos de los sentimientos que el renovador poeta mostró en sus Crónicas.

Con Manrique, la poesía se hizo individual; por primera vez trataba en profundidad los sentimientos de la persona, y ello curiosamente refiriéndose a lo más colectivo e igualatorio que existe y de cuyo nombre no vamos a acordarnos; válganos como recurso literario para desbloquear todos nuestros sentidos, para hacerles estar alerta y así poder disfrutar de un territorio eterno en el que la ría y los ríos que la forman, los territorios y las poblaciones que los habitan se nos muestran como una unidad.

Muchos son esos ríos y riachuelos de nuestro territorio: el Traba, el Tines, el San Xusto y por encima de todos el padre Tambre, uno de los más caudalosos de la vertiente atlántica gallega y el máximo responsable de lo que sucede en esta ría.

El Tambre se echa al mar con serena elegancia, como dándose tiempo para dibujar meandros en un hermoso estuario que pertenece por capricho de la naturaleza y por la lógica de los hombres a la Red Natura 2000. Al final de su camino se adorna con hermoso brazalete. Este no es otro más que Pontenafonso, uno de los puentes medievales mejor conservado y de mayor tamaño de toda Galicia.

Los ríos avanzan trazando curvas. No tienen prisa en llegar al mar. Los hombres sí la suelen tener, ello les hace amantes de la línea recta, por eso nacen los puentes. Es inevitable: si la nuestra es una tierra de ríos, necesariamente también tendrá que ser una tierra de puentes.
Ya hemos citado al más grandioso, que no el más grande, ya que este título pertenece a una nueva construcción que es parte fundamental de las nuevas comunicaciones de nuestro territorio. Pero hay muchos más; imposible olvidarnos del extraordinario puente de Xuño, sobre el río Siera en Porto do Son, del que nos queda un simple arco que tiene la fuerza suficiente para evocarnos siglos pasados. Más reciente, pero de hechura similar, es el puente “do Ruso”, sobre el río Tines, en Outes; de mayor reconocimiento son el puente de Traba, sobre el río del mismo nombre, en tierras de Noia; o el puente de San Xusto en Lousame, también sobre un río homónimo.

Al final a todos ellos les espera la ría; un gran espacio que, como una gigantesca mesa, hace que los pueblos se sitúen como comensales unos frente a otros, disfrutando de esta forma, no de la propia belleza de cada uno, sino cada uno de la hermosura de los demás.

Las rías gallegas son unos ecosistemas perfectos, su orientación favorece el afloramiento que con efecto regenerador de sus aguas, aporta nutrientes para que, además de extraordinario espacio de playas o de navegación, sean también unos de los espacios más productivos del planeta. Nuestra ría produce almejas y ostras de gran calidad, pero es el antaño modesto berberecho quien se lleva la palma.

Este pequeño molusco es el rey de nuestra ría, en ningún lugar del planeta podemos encontrar algo parecido. A su sombra, nuestros cocineros han desarrollado sus carreras profesionales esforzándose por estar a su altura, lo que ahora nos permite contar con una gastronomía reconocible, que ha hecho del respeto por el producto su seña de identidad.

Delia Salgueiro, Poeta

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