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MONTE LOURO, UN CENTINELA QUE NO DESCANSA

Me acerco tarareando “Can´t take my eyes off you”.
La vieja canción, versioneada cien veces por gente tan dispar como Tom Jones, los Pet Shop Boys o Matt Monro, es perfecta para esta ocasión.
No puedo quitar mis ojos de ti.
Y es perfecta porque me voy a enfrentar a algo hipnótico, capaz de atraer toda mi atención, y que además estoy totalmente convencido de que desprende energía.

Estoy junto al impresionante Monte Louro, una enorme masa granítica que se adentra en el mar como si quisiera proteger a la Ría de Muros Noia de cualquier peligro.
Estoy en un lugar energético. Como Chichen Itzá, Lhasa o Benarés.
Aquí hay algo que trasciende la belleza.

El monte es realmente hermoso y cuenta con la singularidad de tener dos cumbres. Su localización es fantástica: es un símbolo visible desde toda la ría. El conjunto que forma con la laguna de Xalfas y la playa de Areia Maior lo convierten en un lugar idílico. Además te sientes estimulado por la gran riqueza biológica de la laguna. Maravillado por la presencia de una flora única en Galicia, capaz de convivir entre la sequedad de un espacio dunar y la elevada humedad del ambiente.

Pero sigue habiendo algo más: percibes la energía de un lugar especial.

¿Será una presencia anormalmente elevada de feldespato en el granito? ¿Será la pulsión de un cuarzo misterioso?
La realidad es que una energía te atrae y te impide despegar tus ojos de él.
Paseas por su contorno haciendo mil fotos, pero eres incapaz de descubrir cuál es el mejor ángulo. Abrumado, decides dejar atrás la obra de la naturaleza para centrarte en la obra del hombre. Pero en el camino hacia el convento de San Francisco todavía sientes a tu espalda su presencia casi intimidatoria.
La energía te rebosa el ánimo, ignoras el cansancio y decides emprender la subida al Monte Oroso. El extraordinario vía crucis es una disculpa. Lo que en verdad te sigue atrayendo es el Monte Louro. Asciendes de estación en estación para descubrir que cada paso te ofrece una mejor panorámica. Y que cada vez parece más hermoso.
Con el atardecer adquiere un tono dorado que no puedes dejar de admirar. Si el Monte Pindo es el Olimpo gallego, el Louro sin duda debe ser nuestra Acrópolis.
Sigues subiendo entre ritos paganos y religiosos, como suele suceder en tierras eternamente habitadas. Por fin llegas al final de las 14 capillas. Echas una última mirada al vecino Louro. Te preguntas si será posible fotografiar una puestra de sol entre sus dos cumbres. No te lo puedes quitar de la cabeza.

El estribillo también dice: “You are just too good to be true…”
¿Demasiado bueno para ser verdad? ¡Es auténtico!
Existe y tienes que venir a verlo, aunque te arriesgues a no poder separar los ojos de él.
Monte Louro, un lugar mágico.

Tonecho Giménez

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